De las ferias, la de Arreola es más hermosa

Sara Poot Herrera
Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Jalisco
150 págs., 2013


La escritora Sara Poot Herrera narra la historia de la libreta en la que Juan José Arreola inició la escritura de su célebre obra, La Feria, y cuenta cómo esta le fue regalada y a su vez, ella decidió entregarla como un presente a Zapotlán el Grande, tierra natal del autor, ahora centenario.

“Un 27 de enero de 1954 para ser exactos (aunque el 4 se encima al 3 en esta libreta), Juan José Arreola se propuso escribir  lo que él mismo llamó borrador de La Feria”, inicia su ensayo la doctorada en Literatura Hispánica por El Colegio de México.

En su narración, la estudiosa pone en relieve a las otras personalidades que acompañan en el espacio de la fama y la notoriedad que comparten sitio de nacimiento, como el muralista José Clemente Orozco, el compositor José Rolón, y a la también autora musical Consuelito Velázquez.

Poot Herrera refiere que el primer premio que recibió Juan José Arreola, fue para su novela La Feria, y este fue el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes. Añade que después su obra también fue reconocida con el Premio Literario Xavier Villaurrutia, en 1963, en una decisión del jurado, de que éste fuera compartido con Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro.

Poot Herrera investigó, y pudo dar con datos como el de que la libreta, fue comprada en La Carpeta, “uno de esos ‘Almacenes de papel y artículos de escritorio’ que se ubicaba en el número 53 de la calle de 16 de septiembre”. Y proporciona más datos sobre la compra del objeto aquel: “Allí llegó Juan José Arreola a comprar su libreta de 96 hojas y le tocó diez como número de orden”.

Para ubicarnos en aquel tiempo, la también estudiosa de Sor Juana Inés de la Cruz, nos dice que era la década del chachachá, del bolero, de los grandes de la música ranchera, del desodorante mum y en la que Jorge Negrete todavía era llorado, moría Miroslava y al cierre moría también Xavier Villaurrutia y Alfonso Reyes.

Relata que fue el último miércoles de enero de 1954, cuando Arreola empezó a escribir con “rústicas palabras” la libreta de pastas de cartón duro, color vino y centro negro, de forma francesa y de aproximadamente 25 cm de alto y 17 de ancho.

Aquella libreta de Juan José Arreola fue adquirida en 1985 por el arquitecto Mario Lazo, da fe Sara Poot Herrera para luego contar que el nuevo dueño de aquel tesoro, se lo entregó a ella como regalo de cumpleaños. Cuenta la escritora que fue en 2009 cuando fue invitada a participar en el Coloquio Arreolino, por Orzo Arreola, director de la Casa Taller Juan José Arreola y por Jorge Souza Jauffred, en ese tiempo, director de Literatura de la Dirección Generla de Actividades Culturales de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco.

Y sobre la decisión que tomó respecto a su preciado tesoro, narra: “…supe que la invaluable libreta tenía que estar allí, en el centro de la Casa Taller Juan José Arreola y en el centro de Zapotlán el Grande, al que se le rinde homenaje, al hacer de él un pueblo literario, pueblo antiguo, pueblo del imaginario y de la memoria”.

 

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